La web se nos está plagando de nedflanderismos, o hablar a los usuarios como si fueran niños.
Lo que buscan los editores parece ser un tono cercano, pero conmigo lo que consiguen es que me sienta insultado. Además llenar el texto de diminutivos no ayuda a la legibilidad.
Mi iphone sufrió un accidente y la pantalla se rompió en mil pedazos. Milagrosamente seguía funcionando, pero con cachos de pantalla inexistentes. Lo que quedaba estaba todo rajado, haciéndose el manejo incómodo e incluso peligroso. Un desastre:
En este sencillo tutorial te vamos a mostrar como recuperar el teléfono e incluso hacerlo un poco más tuyo. Tienes que comprobar que la pantalla táctil sigue funcionando. Si la pantalla está rajada e incluso la faltan trozos pero sigue respondiendo, éste es tu tutorial. ¡Manos a la obra!
Materiales
Cinta de embalaje.
Una protectora de pantalla de iphone. En concreto ésta la vendían como protección anti-indiscretos, porque impide que se vea la pantalla si no la miras de frente. A nosotros eso nos da igual. Lo que queremos es no pasar nuestros dedos por la pantalla rajada.
Un iphone.
Herramientas
Un cutter.
Unas tijeras. En mi caso han sido de cocina, unas más finas seguro que vienen mejor.
Paso a paso
Paso 1
Pon la cubierta sobre la pantalla. Asegúrate que el lado pegajoso toque la pantalla, o lo que quede de ella.
Paso 2
Rodea la parte de arriba y la de abajo con cinta de embalar.
Rodéalo por los dos lados, sin miedo:
Paso 3
Recorta con las tijeras la parte sobrante.
Paso 4
Practica aberturas con el cutter allá donde el teléfono tiene sus orificios naturales:
El generador de poesías, bautizado imaginativamente como gepo, ya está en el aire. El propio gepo tiene una página explicativa, de forma que no me voy a explayar aquí. Sólo decir que de momento se pueden obtener pareados y sonetos generados al azar. Los resultados son, como era de prever, absolutamente caóticos. En el caso de los pareados alguno sale gracioso, pero los sonetos son un puro delirio.
La aplicación la he construido en grails, lo que me ha dado para pensar un poco acerca del desarrollo sobre esta plataforma, pero eso es harina de otro costal y merece un post aparte.
El Reina Sofía aloja estos días la exposición máquinas y almas, que según el texto introductorio “explora la convergencia ciencia-arte-tecnología”. Ahí queda eso. La exposición me ha encantado, el ámbito era muy amplio y había desde trabajos basados en redes sociales a experimentos con ferrofluidos.
Me ha llegado al alma el trabajo de Daniel Rozin. Sus espejos mecánicos son paneles de elementos que se adaptan para mostrar la imagen de los objetos que haya enfrente de la obra. Hasta aquí nada muy distinto de lo que haces al conectar tu webcam. Sin embargo el dispositivo que muestra la imagen es un ingenio mecánico cuyos píxeles son de un palmo de ancho, o incluso irregulares. No sé explicar el porqué, pero creo que Rozin ha entendido algo que la mayoría de los que trabajamos con tecnología sólo intuimos.
La semana pasada compré un nabaztag. El bueno del conejo debía ser un apoyo al equipo de desarrollo para comunicar builds rotos, tests fallados o despliegues. Una forma tan estupenda como cualquier otra para frikear un poco con mis compas. Los compañeros decidieron/decidimos bautizar a la criatura como piticli, o marcial. Nombres con un claro punto friki (bien) pero poco originales (mal).
Lo compré en la FNAC, me dijeron que era el último que tenían, y yo pensé que debía considerarme afortunado. Pero era al revés, el bueno del conejo estaba machacado y por supuesto no funcionaba. Supongo que era el que tenían de exposición y los golfetes de la FNAC me lo habían tratado de colar al mismo precio que uno nuevo de trinca. De hecho, una vez estaba el animalico bautizado me daba pena devolverlo, y pese a lo currado que estaba, si hubiera funcionado me lo habría quedado. No funcionaba y lo devolví, pero no me debían haber vendido semejante truño.
Hoy se celebran las elecciones generales en España. No se me ocurre nada mejor sobre lo que escribir que sobre el conejo marcial y mis problemas con los comerciantes.
El viernes pasado estuve con unos compas en un dorkbot. Aprovecho para dar la enhorabuena a la gente que lo organiza. Los dorkbots son unos encuentros hechos por amor al arte, todo buen rollo y en los que encima es fácil aprender de algo nuevo o conocer a alguien interesante.
El encuentro al que fui constaba de tres presentaciones, de las que una no se pudo celebrar por problemas con el proyector, un auténtico clásico del repertorio de posibles problemas en una presentación. Una pena porque tenía una pinta cojonuda. De las dos que vi, la que me había llevado a asistir fue la primera presentación, que utilizaba la Wii y en concreto el Wiimote para hacer maravillas varias. Corrió a cargo de Murphy Karamaku, aunque como él mismo nos contó, lo que hacía era poner en marcha los proyectos de un tal Johnny Lee, del que desde esa noche me confieso rendido admirador.
La siguiente presentación la hicieron un grupo de estudiantes de la Politécnica de Madrid, presentando un dispositivo a pedales que generaba energía suficiente para correr un portátil. Lo de dispositivo a pedales no es coña. El proyecto había ganado un concurso organizado por Intel y desde luego parecía bien planteado y desarrollado. Hicieron una demostración en la que pudimos ver (y oír) a uno de los miembros del equipo dándolo todo a los pedales.